domingo, 22 de septiembre de 2013

Dónde lo dejamos (Graduación en la UAM)

Bueno, después de mucho tiempo de inactividad (entre vacaciones y MIR), vuelvo con una entrada que tenía medio hecha. Este es el discurso que leí el pasado viernes 20 de Septiembre con mótivo de la graduación de la XL Promoción de Medicina de la UAM (la promoción "más grande")

Dedicado a todos mis compañeros de promoción. ¡¡Enhorabuena doctores!!

*Foto cortesía de Rafa Montejano


Excelentísimo Señor Rector Magnífico de la UAM, Profesor José María Sanz, Ilustrísimo Señor Decano de la Facultad de Medicina, Profesor Juan Antonio Vargas, autoridades académicas y sanitarias, familiares, amigos y sobre todo queridos compañeros de la XL Promoción de Medicina de la UAM;

Tener la oportunidad de hablar en esta graduación tiene una parte buena y una mala. La buena es que por primera vez en seis años consigo tener el micrófono y que todo el mundo me escuche. Lo malo es que es la quinta graduación que celebramos y aunque siempre se intenta aportar algo nuevo, es inevitable repetir anécdotas e historias. Por ello voy a intentar ser lo más breve posible y os pido disculpas si en algo me repito.

No sé si sois conscientes de que hoy nos graduemos justo dónde empezó nuestra aventura en la UAM, una mañana de Septiembre. En este parking nos reunimos por primera vez esperando con emoción, nerviosismo, y por supuesto algo de miedo a que nos llamasen a “entrar” en Medicina, con todos los cambios que ello implicaba para nosotros. El primero se podía valorar según íbamos llegando: Acostumbrados a estudiar en clases de 20 o 30 alumnos de repente te encontrabas perdido entre 240 desconocidos. Quizás nos hubiera tranquilizado saber en ese momento que ahí estaban algunas de las personas que más nos aportarían en los próximos años, personas con las que aprenderías a compartir trabajo, momentos duros y muchas alegrías. Quien sabe ahí pueden estar algunos de tus futuros mejores amigos o incluso tu pareja.

Entramos en el Aula Magna y nos recibió el Decano con dos mensaje un tanto contradictorios: por un lado veníamos de toda España con alguna de las mejores notas de la Prueba de Acceso, pero teníamos que saber que la carrera se nos iba a hacer difícil. Y por el otro entrábamos en una profesión dura, sacrificada y exigente que nos iba a suponer tener que estudiar para toda la vida, aunque también era la profesión más bonita del mundo. Con el tiempo vimos que tenía toda la razón lo malo es que una parte se hizo realidad bastante antes que la otra. Sin ir más lejos al acabar el primer día los dos profesores que nos habían dado clase declararon que “su asignatura era demasiado complicada para primero”. Por cierto eran Bioestadística y Humanidades. Por si fuera poco, para el día siguiente teníamos que descifrar unas figuras que el profesor había dejado en la pizarra y que incluían x con un palito arriba, una “o” dada la vuelta y una X mayñuscula que luego nos enteramos que era de un señor que se llamaba Pearson, se pronunciaba CHI y se escribía JI.

Estresados, pronto nos sumergimos en una dinámica destructiva de ir a clase, tomar apuntes, laboratorios,  colas diarias en reprografía y prácticas por la tarde. Tuvieron que venir los mayores a recordarnos que la Facultad era más que eso que había maneras de participar, de disfrutar, de hacer deporte o de conocer al resto de la gente en fiestas o sangriadas. No nos costó acostumbrarnos y al poco tiempo los ratos en la cafetería empezaron a ser la manera que teníamos de desconectar de la montaña de folios con vías metabólicas, organelas celulares y problemas de palancas que se iban acumulando en nuestro cuarto y que “ya tocaríamos después de Navidades”. ERROR; ya aprenderíamos lo que significaban los periodos de exámenes en “UAMtánamo”.

Primero y segundo fueron dos cursos duros. Costaba reconocer la Medicina que habíamos visto en House o Anatomía de Gray entre la  fascia endopélvica o las diez capas del epitelio pigmentario de la retina. A veces creías que te querían volver como una regadera porque  era imposible que un profesor diese la clase mal a propósito para que tú luego las tuvieses que corregir por tu cuenta. El ritmo era frenético, los exámenes a prueba de infarto  y fuimos aprendiendo poco a poco que nos empezaba a tocar solucionarnos los problemas a nosotros mismos.

Con más o menos esfuerzo lo superamos. Llegó tercero y por fin cambiamos el kit de disección y las pipetas por el fonendo. Después de repartirnos por las cuatro Unidades Docentes, llegó el día de entrar en el hospital. Ahora sí, podíamos empezar a valorar si realmente estábamos en la profesión más bonita del mundo. Para mí lo es y si no, desde luego es una de las más intensas emocionalmente. Ir preparado la primera vez que ves un parto, aguantar con la mejor de las sonrisas toda una mañana de consultas o acompañar a alguien en sus últimos momentos es muy difícil. Probablemente alguna de las historias que más no ha enseñado a todos los niveles y que más nos marcarán sean aquellas que hemos vivido con los pacientes que en estos años hemos considerado “nuestros”.

La vida en segundo ciclo cambió bastante de dinámica. El día a día se hizo mucho más relajado: te podía dar tiempo hasta a re-desayunar o a llegar a casa a la hora de comer. Invertíamos el mismo tiempo del día en ir a clases que en ver pacientes. Eso era maravilloso. ERROR: una vez más los exámenes de UAMtánamo no decepcionaron y pusieron a prueba toda nuestra capacidad intelectual a tres niveles distintos: antes del examen teníamos que averiguar qué hospital iba a poner cada pregunta, durante el examen teníamos que descifrar enunciados (y leo literalmente de uno de nuestros exámenes) como “Señale cual de los siguientes síntomas NO es frecuente que usted NO encuentre en un paciente con sinusitis crónica” y por último teníamos que averiguar quién lo había corregido. A pesar de todo creo que estaremos de acuerdo en que segundo ciclo compensa. Poco a poco íbamos mejorando en nuestras historias clínicas, en nuestro trato con el paciente, empezábamos a ver infiltrados en las placas o a lavarnos en el quirófano. Cada día nos sentíamos más médicos.

Quería detenerme un momento para expresar nuestro profundo agradecimiento a todos aquellos que durante estos cuatro años en los hospitales se han esforzado porque aprendamos a SER médicos. Un Hospital Universitario no es Universitario sólo porque tenga estudiantes, sino porque gracias a la de algunos docentes y residentes los estudiantes podemos integrarnos en los servicios clínicos. Muchas gracias.  Sobre todo GRACIAS a todos aquellos personas que desde su enfermedad han sabido mirar con paciencia como les explorábamos y les preguntábamos con mayor o menor torpeza. Ellos han sido para nosotros la mejor demostración de lo que implica conjugar una educación y una sanidad públicas y de calidad.

Pasaron cuarto, quinto, sexto y una tarde de Mayo, (igual que en nuestro primer día e igual que hoy), nos volvimos a reunir en este parking. Terminó el examen de legal y con él nuestro recorrido como estudiantes de Medicina. Para celebrarlo por todo lo alto los cuatro hospitales nos disfrazamos de romanos, hippies, piratas y de….bueno de lo que fuésemos los de la Princesa. Con guerra de agua, paseo por la biblioteca y fiesta final en el césped hasta última hora de la noche (cualquiera diría que ese día no queríamos irnos) dijimos “hasta luego” a nuestra Facultad.

Estimados profesores, familiares y amigos: disculpas por contar una historia que muchos de vosotros ya conocéis y que probablemente sea muy parecida a la que año tras año promociones de graduados de la Autónoma cuentan en este acto. Pero en poco más de 10 minutos es imposible resumir lo que realmente venimos a celebrar hoy:  y es que cada uno de los médicos que nos graduamos, cada uno de los estudiantes de esta XL promoción hemos recorrido un camino propio con momentos diferentes de euforia, cansancio, sacrificio y alegría. La importancia de esta graduación es que aquí se juntan y se mezclan esas 190 historias cuyo único punto real en común es que un día soñaron con ser médicos.

Creo que hay algunos aspectos particulares de nuestra promoción que merecen la pena ser destacados: tenemos la suerte de graduarnos con compañeros que han viajado desde Canadá hasta Japón, pasando por Chile, Italia, Francia Alemania o Australia. Algún compañero nuestro está ya en el Chad atendiendo a embarazadas y niños. Aquí hay compañeros que sin dudarlo y desde primero han salido a la calle año tras año a luchar por una profesión que todavía no era nuestra y por un Sistema de Salud que con el tiempo hemos aprendido a apreciar más. Somos la primera promoción que se gradúa habiendo participado en una Olimpiada en la Facultad (por cierto, enhorabuena la Paz) o en un Lipdub de más de 15 minutos (muchas gracias Jorge). Aquí hay estudiantes que han colaborado en estudios con más de 5.000 pacientes en proyectos humanitarios en Nicaragua o estudiantes que cambian sus vacaciones por un mes de voluntariado en Camerún verano tras verano. Aquí se encuentran sin duda futuros grandes médicos de familia, internistas, cirujanos, psiquiatras, urólogos, cardiólogos, investigadores o docentes.

Dentro de unos meses, después de superar de nuestro “último examen" (de cuyo nombre no quiero acordarme) a la mayoría nos tocará volver a reubicarnos y a empezar una nueva etapa. Es entonces cuando tendremos que analizar qué nos han dejado estos años con nuestra promoción y nuestra Facultad. A priori, por mi parte me gustaría destacar dos lecciones.

En el plano académico que lo que da sentido al conocimiento, a su creación y difusión es el factor humano, tendremos que ser nosotros. De nada nos servirá ser los mayores expertos en cardiopatía isquémica o cirugía laparoscópica si no sabemos ponerlo al servicio de los demás con humildad. No hay más que mirar nuestras orlas: los profesores a los que hemos reconocido no han sido necesariamente los que más sabían o mejores técnicos eran, sino a los que nos han sabido trasmitir  que por encima de la Universidad están los universitarios y por encima de la enfermedad el enfermo.

La segunda más personal es que SÍ SE PUEDE. Medicina se termina, a pesar de los exámenes, de las horas de estudio, de todos los momentos en los que hemos estado a punto de tirar la toalla. Especialmente se puede si todos los que creemos en algo, independientemente de donde vengamos nos juntamos para defenderlo como demostró toda la comunidad sanitaria y universitaria este año con nuestro Hospital de la Princesa. Sí, se puede Y SE DEBE seguir luchando por una Sanidad y una Educación públicas y de calidad.

En nombre de la promoción quiero agradecer a todos nuestros compañero que han dedicado parte de su tiempo a hacer que nuestro paso por la carrera no fuese un mero trámite académico: a nuestros Delegados y representantes, por cuadrar dameros, rotaciones, exámenes, por dar la cara por nosotros; a los de AIEME o Zerca y Lejos por acercarnos otras realidades con sus actividades y proyectos; a los compañeros de No Damos Créditos, en Clave de Ja o Jalloween  que año tras años nos daban motivos para reír; a los de Feedback por aportarnos esa otra manera de mirar la Facultad; a  nuestros grandes equipos deportivos: a Colossus, los Palomos, los Maseteros a todos los que han organizado competiciones deportivas, sangriadas, fiestas o viajes. En definitiva a los que han colaborado a hacer Universidad con mayúsculas.

Gracias a todos los que nos han acompañado en este camino. A aquellos profesores que nos han demostrado que lo importante no es aprobar sino aprender. Porque más allá de las bromas sabed que valoramos todo vuestro esfuerzo y dedicación y que lo  que consigamos será el reflejo de vuestro trabajo. Al personal de administración y servicios por su trabajo silencioso e imprescindible que hace que día a día la Facultad funcione. A los equipos decanales de estos años, especialmente al Profesor Vargas por haber creado un proyecto por y para los estudiantes. Y sobre todos a vosotros, familiares y amigos, que con vuestro apoyo constante, comprensión, paciencia y dedicación en estos años, más que un título de licenciado, os mereceréis una Tesis Cum Laude.

No puedo evitar terminar sin leer unas palabras de ánimo que en un momento difícil nos dirigió un profesor de la Facultad:

“Aun cuando hacer mala medicina pero rentable nos sea recompensado, aun cuando NO podamos ser libres para ejercer como queremos, no perdáis la ilusa sensación de que estamos haciendo un bien a la Humanidad solo por levantarnos por la mañana y ponernos al servicio de un enfermo. “

Ahora sí, bienvenidos a la profesión más bonita del mundo. Enhorabuena y muchas gracias.




3 comentarios:

  1. Tú sí que eres el más grande! Enhorabuena lider espiritual! ;)

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  2. Chapeau, Dr Noriega. Y mucha suerte ahora en adelante!

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